martes, 4 de diciembre de 2012

“Eso lo pinta mi hijo de 5 años en una tarde…”




Hola muchachada, hoy les traigo una pequeña reflexión personal, de esas que te salen en noches de desvelo, entre vueltas y bostezos.

Eso lo pinta mi hijo de 5 años en una tarde…” decía el titulo, y el cateto de turno que siempre está en una galería de arte, mientras se refiere a un cuadro de Jackson Pollock o un paisaje de Monet.
Solo considero que pueden emitirse juicios tan taxativos cuando se conocen los tres pilares fundamentales del arte, que son la técnica, la historia, y la temática. Y si no, la lengua en el culito.

La técnica nos permite ver los bordes, los limites de la capacidad humana a la hora de plasmar una idea, un sentimiento, la historia nos encuadra en el marco de la coyuntura social del momento, con su permisividad y sus prohibiciones, y la temática, nos permite entender de un modo más objetivo que quiere decir o mostrar el artista.
Menospreciar con semejante atrocidad verbal un lienzo, es hoy mucho más fácil que nunca, ahora, que todos nos permitimos ser entrenadores de fútbol, licenciados en ciencias políticas, abogados o economistas, pero solo se le debe permitir ese juicio a aquel que ha ahondado en la pintura, que sabe como y cuanto cuesta alcanzar la perfección del pincel. Todos opinamos, pero de ciclismo quien más sabe son los ciclistas o como mínimo, aquellos que se han molestado en saber cuan larga y costosa es de subir una cuesta.

El arte es como la primera bicicleta, esa antigua y grande, con la que aprendemos a montar, en esa que nos tambaleamos, en la que ponemos ruedecillas para no caernos. Solo si aprendemos a montar de verdad y ahondamos en el “arte” de la bici nos podremos permitir el lujo de soltarnos de manos o hacer “caballitos” sin hacer el ridículo.

El verdadero arte abruma, silencia, aísla y paraliza al que desarrolla y experimenta el intercambio que supone asistir a la imagen de una obra de arte, llevando cada matiz al oído y a la boca, saboreando el rojo de una manzana y oyendo el pasar del río por Paris; supone sentir que el azul de un lago moja, que el negro de un cielo envuelve, y sumergirse en los amarillos y ocres de las flores de una pradera florecida oliendo cada grano de polen que sale de cada amapola.

Y sí, quizás su hijo pueda reproducirla, quizás pueda copiar de manera burda aun siendo un genio cualquier abstracto de Picasso o cualquier Seurat hecho con puntos de rotulador, pero eso no es crearla, porque el arte no es copiar, la copia es la adaptación de un fin a tus medios y a tus técnicas, y el arte es trazar y no trozar; crear el “Guernica” no es darle a imprimir, o coger ceras y lápices de tonos negros y copiarlo. Crear un Gorky es una cosa, y pretender tirar botes de pintura en un lienzo es otra bien distinta.

Y paradojas de la vida, el que habla, o escribe más bien, es alguien que no sabe nada de arte.


Besitos



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