Hola muchachada, hoy les traigo una
pequeña reflexión personal, de esas que te salen en noches de desvelo, entre
vueltas y bostezos.
“Eso lo pinta mi hijo de 5 años
en una tarde…” decía el titulo, y el cateto de turno que siempre está en
una galería de arte, mientras se refiere a un cuadro de Jackson Pollock o un
paisaje de Monet.
Solo considero que pueden emitirse
juicios tan taxativos cuando se conocen los tres pilares fundamentales del
arte, que son la técnica, la historia, y la temática. Y si no, la lengua en el
culito.
La técnica nos permite ver los
bordes, los limites de la capacidad humana a la hora de plasmar una idea, un
sentimiento, la historia nos encuadra en el marco de la coyuntura social del
momento, con su permisividad y sus prohibiciones, y la temática, nos permite
entender de un modo más objetivo que quiere decir o mostrar el artista.
Menospreciar con semejante atrocidad
verbal un lienzo, es hoy mucho más fácil que nunca, ahora, que todos nos
permitimos ser entrenadores de fútbol, licenciados en ciencias políticas,
abogados o economistas, pero solo se le debe permitir ese juicio a aquel que ha
ahondado en la pintura, que sabe como y cuanto cuesta alcanzar la perfección
del pincel. Todos opinamos, pero de ciclismo quien más sabe son los ciclistas o
como mínimo, aquellos que se han molestado en saber cuan larga y costosa es de
subir una cuesta.
El arte es como la primera
bicicleta, esa antigua y grande, con la que aprendemos a montar, en esa que nos
tambaleamos, en la que ponemos ruedecillas para no caernos. Solo si aprendemos
a montar de verdad y ahondamos en el “arte” de la bici nos podremos
permitir el lujo de soltarnos de manos o hacer “caballitos” sin hacer el
ridículo.
El verdadero arte abruma, silencia,
aísla y paraliza al que desarrolla y experimenta el intercambio que supone
asistir a la imagen de una obra de arte, llevando cada matiz al oído y a la
boca, saboreando el rojo de una manzana y oyendo el pasar del río por Paris;
supone sentir que el azul de un lago moja, que el negro de un cielo envuelve, y
sumergirse en los amarillos y ocres de las flores de una pradera florecida
oliendo cada grano de polen que sale de cada amapola.
Y sí, quizás su hijo pueda
reproducirla, quizás pueda copiar de manera burda aun siendo un genio cualquier
abstracto de Picasso o cualquier Seurat hecho con puntos de rotulador, pero eso
no es crearla, porque el arte no es copiar, la copia es la adaptación de un fin
a tus medios y a tus técnicas, y el arte es trazar y no trozar; crear el “Guernica”
no es darle a imprimir, o coger ceras y lápices de tonos negros y copiarlo.
Crear un Gorky es una cosa, y pretender tirar botes de pintura en un lienzo es
otra bien distinta.
Y paradojas de la vida, el que
habla, o escribe más bien, es alguien que no sabe nada de arte.
Besitos
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