No follar se convierte en algo tan rutinario que,
al final,
llegas a pensar que te lo mereces.
Ya no me acuerdo de cómo terminamos allí. Estaba tan ciego que puede que ni siquiera ocurriera todo aquello. Pero me acuerdo de lo suave que era la parte interior de su muslo rozando contra mi cara. Me acuerdo perfectamente. Y me acuerdo de cómo ella temblaba cuando acercaba con sus manos, presionando, mi cabeza a su cuerpo. Recuerdo su aliento en mi oreja. Era tan espeso que podía saborearlo cuando gritaba. Y su pelo no olía demasiado bien, pero de algún modo extraño eso me excitaba. Recuerdo como desaparecían las cosas a nuestro alrededor y que solo aparecían cuando alguno de los dos quería. A ella le gustaba estar arriba y dominarme, porque en su casa nadie la dejaba. Todos le ordenaban cosas y aquella noche no iba a dejar que eso volviera a ocurrir. Era la capitana de mi barco. También recuerdo que la música era perfecta. Silencio absoluto. Es ideal cuando dos personas tienen mucho que decirse y no quieren hablar. Y ahora que lo recuerdo, fue esa la razón de que estuviéramos ahí, follando. Luego los dos nos preguntamos que por qué las cosas no podían ser siempre así, sin tantas complicaciones. Pero entonces volvimos a quedar, y lo comprendimos.
@pablodoble
"También recuerdo que la música era perfecta. Silencio absoluto. Es ideal cuando dos personas tienen mucho que decirse y no quieren hablar." Genial
ResponderEliminar